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Entrevista a JAVIER REBOLLO, director de "La mujer sin piano"

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Javier Rebollo
El director Javier Rebollo presenta estos días en el FICXixón su película La mujer sin piano, con la que conquistó el premio al Mejor Director durante la última edición del Festival de San Sebastián. A su paso por la ciudad, se mostró encantado de participar en un ciclo como Post Burlesque y matizó que "de corazón" se siente muy unido al Festival de Gijón.

"LA SOLEMNIDAD ES EL ESCUDO DE LA ESTUPIDEZ"

Por Alejandro Díaz Castaño

¿Cómo surge el proyecto de "La mujer sin piano"?

Realmente no me acuerdo. Pero sí es cierto que se trata de algo muy burlesco. Una de las características del cine burlesco, por lo menos de lo que yo entiendo por "burlesco", que es el cine de los años veinte, del cine mudo, es que tiene personajes muy bien perfilados. Un gordo y un flaco, un hombre con zapatos grandes, pantalones mal combinados y un bombín, un hombre impasible con un canotier... Todo comienza con una imagen. Veo a una mujer con un perfil muy determinado de madrugada, con una maleta y unos tacones, reverberando en la noche, camino de la estación de autobuses, un lunes, un día laborable, cuando la estación estaba cerrada. Esa imagen me impacta, y aún más poniéndola en relación con otras imágenes, y acaba siendo una película proyectada en el Festival de Gijón en una sección de cine burlesco.

¿Qué le parece ver su película encuadrada en esta selección?

Estoy muy feliz. Yo siempre he querido estrenar en Sección Oficial en Gijón. Pero, aunque de corazón estoy más unido al Festival de Gijón, que considero el mejor sintonizado y programado de este país junto con el de Las Palmas, el Festival de San Sebastián es un clase A, y resulta un gran altavoz. Estar en la sección Post Burlesque es lo mejor que me podía pasar. Si recibo una llamada para una sección llamada "La condición femenina", "Violencia de género", o "La menopausia", hubiese dicho que no. Pero en el burlesco siempre me he mirado como espectador, como cineasta y como ser humano. Yo soy un payaso, y creo que la solemnidad es el escudo de la estupidez. En nuestra película, utilizamos a Buster Keaton como referencia directa para la interpretación de Carmen Machi y buscamos el humor del espacio, que es fundamental en el cine burlesco. Humor, no comedia. La comedia busca directamente la carcajada y el humor es más ambigüo.

¿Hasta qué punto cree que el cine mudo, u otros cines del pasado, pueden servirnos como referente en el presente? ¿Estamos tal vez demasiado ensimismados con "lo nuevo" del cine contemporáneo?

Creo que todo está en el mudo. Por eso, la generación de cineastas del Hollywood clásico provenía del mudo, y supieron desarrollar un lenguaje que luego con los directores que nacieron en el sonoro, se perdió o se hizo de manera diferente. Ésta es una teoría de Truffaut que Antonio Drove contó luego mucho en España. En el burlesco, cuando se pasa del mudo al sonoro y llega la palabra, se restringe la importancia del cuerpo, porque en el mudo la gestualidad cobraba mucha más importancia. Por eso, el cine burlesco, aunque tiene una buena evolución en el slapstick, se va abandonando. De hecho, los cineastas que hoy día siguen haciendo cine burlesco ofrecen películas con pocas palabras. Respecto a "lo nuevo", hay que tener mucho cuidado, ya que puede quedarse rápidamente viejo, como la página de un periódico. Aún así hay que estar atento a lo nuevo, y Gijón sabe hacerlo muy bien. Quizá el único pero que le pondría a Gijón es incluir algo más de cine del pasado, aunque nunca se olvida de él. Este año hay ciclos como el de Müller y Girardet, que son dos cineastas absolutamente modernos cuya obra está fundamentada en el cine clásico, en el manierismo, en Douglas Sirk, Hitchcock, en el espejo, en la ventana, en el umbral, en la escalera... Todo eso es cine clásico. Y cuando el Festival vuelve la mirada a lo burlesco, está mirando al cine mudo norteamericano.

¿Cómo presentaría "La mujer sin piano" a un espectador que no tuviese ningún dato sobre su película?

Aunque me gusta presentar las películas, por la amabilidad de que te inviten y por estar cerca de la gente, algo que me interesa mucho, creo que las películas no habría que presentarlas. Pienso, como Breton, que habría que entrar en los cines sin saber nada de la película, con la sesión comenzada y en una ciudad desconocida. Así es como a mí me gustaría que la gente entrase a ver mi película. Pero si hubiese que presentarla, me gustaría que la considerasen una tragicomedia, algo muy español y muy devaluado. Creo que le habría podido gustar a Azcona. Es una película incómoda, ante la que no sabes muy bien si reír o llorar, y se te tuerce la boca al verla. A ratos es muy divertida, y a ratos es terrible, porque el humor está muy cerca del horror. Me gustaría que la viesen como una tragicomedia con una gran actriz en estado de gracia, que es Carmen Machi, haciendo algo que nunca había hecho hasta ahora.

¿En qué momento se le ocurrió la idea de darle a Machi la posibilidad de romper con su imagen más popular como actriz?

Carmen es una vieja amiga a la que conozco desde hace quince años. Necesito trabajar entre amigos, con gente que me quiere y a la que quiero, y siempre escribo pensando en un actor, como ahora, que estoy escribiendo pensando en José Sacristán. Cuando escribí la película para Carmen pensé que iba a ser fácil, porque sólo tenía que pedirle lo contrario de lo que había hecho hasta ahora. Y sí que fue fácil dirigirla, pero también fue muy duro, porque es un lenguaje al que ella no estaba acostumbrada. Su luz como actriz nace de su gracejo, de su desparpajo, y yo la he despojado de todo eso, y le he pedido que trabaje con el hieratismo. Es algo también muy del burlesco, esos personajes inasequibles al desaliento, que no se detienen ante nada y son impasibles. Carmen es una grandísima actriz, y ha trabajado desde la reducción, desde el silencio, desde la mirada, desde el cuerpo. Y ha interpretado con los tacones. Tan del burlesco es esta película que ella trabajaba con mucho playback. Yo le ponía música al oído para que sus movimientos resultasen musicales. Pensé que sería más fácil financiar la película con ella, pero no ha sido así.

¿Cómo ve la situación del cine español actual para sacar adelante un proyecto personal?

Yo voy a hacer cine siempre, pero me gustaría que mis películas encontrasen su público. No quiero ser un cineasta marginal. Creo que vivimos un gran momento. Pero, se aprobó en el parlamento una magnífica ley sobre cine que está siendo desarrollada a través de una orden que va contra ella y que fue publicada en el BOE muy rápidamente, sin pasar el visto bueno de Bruselas. Se protege a las películas hechas con más de dos millones de euros y se deja fuera de juego a las películas que cuesten menos de 600.000 euros. Puede ser tan buena una película que cueste veinte millones como una hecha en Hi-8 por un chaval de barrio.